sábado, 13 de agosto de 2011

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Por sobre las cabezas de la muchedumbre lo veo caminar en mi dirección. Salva la pequeña pista de baile y se ensortija con las mesas, haciendo de lado a más de una chica hermosa, minifalda y escote. Descubro desde el principio la mirada del cazador. Viene tras de mí. No, me confirmo, viene tras ella: mi pareja. La ha elegido por sobre las otras, y la razón es evidente.
-¿Te gustan los bots?- pregunta al oído de mi chica cuando llega. Los ojos del cazador se fijan en mi.
Ella se remueve en el asiento, incómoda. Claro que le gustan los bots, le gusta este droide, está enamorada de mí.
-No-, le responde. -No me digas que es un bot.
El cazador asiente:
-No dejes que te engañe.
Ella lanza una mirada al droide. A mí. Se ha jodido la vaina, dice con esa mirada. Nos descubrieron.
Ella se levanta y se va con el hombre tal y como lo habíamos planeado. Ella se haría la sorprendida, se iría, actuaría indiferencia y hasta enojo.
Pero el droide no puede soportarlo.
Me levanto del asiento: salto la mesa, agarro al cazador por la espalda y golpeó una, dos, tres, cuatro, diez veces contra el cráneo. Me aseguro que se rompa y la sangre manche la pista de baile. Quiero estar seguro que esto sea llamado crimen pasional.
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