lunes, 18 de febrero de 2013

Rostros

Acompañé al binomio Tania/Bruno a las seis y media de la mañana. La nota era sobre peregrinos que van a la Villa. Miles de fieles parten de la catedral, desde esa hora, y otros miles más se van sumando a la gran fila a lo largo del camino.
Eso son miles de rostros de niños, viejos y jóvenes que no vi antes, y no volveré a ver jamás. Gente que realiza un esfuerzo enorme para viajar a pie, por muchos kilómetros, al sol del día, para expresar algo en lo que no podré estar de acuerdo jamás: el amor por la imagen de un personaje ficticio, que además representa la represión política, social y cultural hace varios siglos. Una represión a la que se sometieron voluntariamente (por un personaje ficticio) y que, al celebrarla, es perpetuada.
Al final, Tania se acercó a un hombre vestido de verde, con los emblemas del Ayuntamiento, que regaba las jardineras que están a un costado del Ayuntamiento. Iba a preguntarle a este hombre qué tanta basura dejaron atrás los peregrinos. Con sorpresa, y antes de que Tania le preguntara nada, reconocí a Felipe. Hace un par de años, Felipe hacía dinero extra trabajando en el Centro Toluqueño de Escritores, hasta que la administración cambió y fue despedido. Era quien lavaba los baños, aspiraba las colillas en las alfombras y fregaba los pisos.
Me dio gusto ver a Felipe.
Pero no hubiera visto el rostro de Felipe si Tania no lo hubiera elegido por su uniforme para hacerle la pregunta. Acaso es un rostro de los miles que no vi antes, y no volveré a ver.
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