martes, 6 de abril de 2010

Campismo/Narcolepsia-Insomnio/#Caleidoscopio

Un amigo y yo nos fuimos de campamento los días finales de la semana pasada. Esto es algo que hacemos desde hace más de diecisiete años. Antes, por supuesto, más amigos compartíamos esta afición. De todos los amigos soy el único que no está casado. Y de todos los casados, sólo a Arturo le dan permiso de viajar de cuando en cuando. Y, no sobra decirlo, estos campamentos ni siquiera son anuales. La última vez que salimos fue a Casitas, en Veracruz, y creo que fue en el 2008. No importa. Este no es el tema de este post.
Han pasado ya más de siete días desde que regresé del campamento y apenas el día de hoy he logrado comprender que no acampé con la finalidad de descansar y evitar así uno de mis quiebres emocionales. En realidad, al salir de campamento lo único que logré fue acelerar el inicio de uno de mis lapsos depresivos. Debí saberlo desde el principio, pero, siempre pasa, no me di cuenta.
Montar la tienda de campaña y preparar los alimentos me generaron un cansancio exagerado. Como si hubiera corrido una maratón. Casi todo el tiempo deseé dormir. El segundo día de campamento salimos a caminar un poco. Fui yo quien pidió regresar a los pocos minutos. La excusa: debía trabajar en #Caleidoscopio. En realidad regresé a dormir. En realidad dormí durante los tres días. Quitar la tienda me hizo sentir como realizar un triatlón. El resto de las vacaciones se me fueron en excusas y en sentirme cansado, queriendo dormir o durmiendo. No trabajé en #Caleidoscopio, el libro del Colegio Mexiquense para la Biblioteca del Bicentenario que me han pedido, desde hace ya más de dos meses, que escriba. Tampoco ingresé a mis redes sociales (alguna cosa compartí desde el Reader, nada más). No respondí cartas. Puse un sólo post en este blog.
Luego de tanto dormir, anoche por fin tuve insomnio. ¿Ah? Nunca creí agradecer un insomnio.
Supongo que hasta el cuerpo se cansa de descansar.
Y pensé (asunto del ocio nocturno).
No he creado nada. Perdón, no he tenido producción personal de ninguna índole en los últimos meses. No he escrito un cuento (lo de #Herpetariocuentario no vale, ha sido a marchas forzadas, ha sido un tanto a regañadientes) (lo de #Caleidoscopio vale menos). Y otra vez, tan pronto como se abandona la sima de la depresión, tengo ganas de producir muchas cosas:
a) Quiero escribir hipercuentos.
b) Mejor aún, quiero, desde Letras de Toluca, coordinar la creación colectiva de una hipernovela de ciencia ficción.
c) Quiero escribir, producir, realizar cortometrajes de uno o dos minutos.
d) Quiero escribir, en un blog, una novela policíaca por entregas.
y e) Por supuesto, quiero hacer el trabajo por el que me pagan. Pero ya sin la presión de la ira que caracteriza mi depresión.
No sé cuánto dure en la cima depresiva. Cuánto, de todo esto, lleve a cabo. No lo sé. Sólo que, aunque tengo fecha límite de entrega y no he escrito nada, ya sé para qué me fui de campamento: para que todo esto sucediera, fuera identificado y concluyera más pronto. Hoy sé que la presión de entregar no importa tanto, he salido de la crisis. Y estar sano es maravilloso.

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