viernes, 19 de noviembre de 2010

Las ocho y diez y los olmecas


A veces olvido que el trabajo del escritor es en el escritorio; que hay que sentarse todos los días frente a la pantalla para avanzar algo. Hace unos días dije que me había costado trabajo concluir un cuento que pertenece a la colección de textos de la beca del #CTEscritores. Anoche, mientras saludaba de lejos a David Coronado y a mi hermano en una clase de guionismo (ellos llegaron tarde), recordé que no había entregado el guión televisivo de cada semana. ¡Mierda!, dije. ¿Qué le pasa a esta cabecita mía? Debía entregarlo ayer a medio día. Ni siquiera hice la investigación correspondiente. Ahora me vi obligado a levantarme a las ocho y diez de la mañana, y estoy haciendo una investigación por Internet, en lugar de haberme apersonado en la exposición olmeca de la que debo hablar.


¿Qué le hago? Tengo una hora límite (que no me gusta tener) a las diez y media de la mañana. Y estoy aquí, en lugar de hacer el guión, escribiendo este post.
(foto de Milenio Online)

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